Porque estar al día nunca fue tan fácil

Es el verano el mejor momento para descubrir nuevas sensaciones y sabores; o quizá ese tiempo para revivir aquellas experiencias que compartimos con amigos donde siempre, sin faltar a ningún encuentro, encontramos el instante propicio para ese brindis que nos refresca la postal para el recuerdo con esos amigos del alma…del Alma Atlántica.

Qué mejor de un espumoso, una sangría o un rosado gallego para acompañar nuestras meriendas tardías o ponerle sabor a un aperitivo donde el deseo de seguir disfrutando de un atardecer o dejarse llevar por un paisaje oceánico se convierte en un tiempo inolvidable que tiene nombre de esencia y mar a la vez, Alma Atlántica.

A orillas del mar, en el ocaso de un día de visita por un pueblo marinero, recuperando la energía danzando bajo las estrellas durante un festival de música o capturando ese minuto mágico del picnic donde sorprendemos a todos con una propuesta diferente, gallega, golosa, fresca y donde las frutas nos invitan a seguir bebiendo.

Somos así, nos gusta jugar a vivir como el último cada instante, contagiarnos de cosas buenas que buscamos y necesitamos compartir siempre; como el dulzor de un espumoso con ADN gallego, donde saboreamos las uvas de esta tierra, albariño y mencía, pero bebiéndolas trago a trago, con la serenidad de regocijarse por el dónde y el qué: en las Rías Baixas, donde el mar nos invita siempre a transgredir con unos espumosos que hacen más singular la cita con amigos.

No nos equivocamos si afirmamos que cualquier excusa es buena para alargar un verano que pretendemos que no se acabe nunca, lo mismo que ese vino Rosé o esa sangría exuberante que nos ofrece Alma Atlántica, plenos de sabor afrutado, sabrosos y que saben acercarnos a aquellos recuerdos de uvas y vides bajo el sol, casi siempre a punto de ser acariciadas por un Atlántico que solo duerme a horas de la siesta.

Si se trata de gozar a sorbos de esta Galicia sin límites es un pecado no recomendar los espumosos de Alma Atlántica, aunque con ellos, como todas las cosas buenas, el verano nos parecerá más corto.

martin codax

Para sentirse a gusto en un tiempo de reencuentros, de viajes originales, de planes improvisados, de compañías divertidas, de sentimientos que brotan sin pensarlo, pero también de recreo por la quietud compartida en medio de la naturaleza; por un paisaje que marida a nuestra vista entre el mar y el cielo o lo que es lo mismo, nuestras ganas de beber sensaciones frescas y genuinas y la seducción con que nos atrapa el Alma Atlántica a través de sus sangrías y espumosos. Una historia sin final y que se repite en cada ocasión que pretendemos armonizar diversión con una pizca de transgresión; colores que protagonizan una postal paisajística pero que se vuelven tenues en un anochecer; sed de querer bebernos ese momento de hechizo con alma y sabor a uva y frutos rojos.

Así es -y nos gusta que así sea- el verano en las Rías Baixas, donde brilla el verde de los viñedos y el infinito azul del Atlántico, donde los aromas a uvas y mar acompañan cada nuevo encuentro, donde cualquier orilla es una nueva oportunidad para disfrutar con los amigos del Alma de un Atlántico que nunca nos abandona, donde sus olas, como la vida misma, dibuja un vaivén de ida pero siempre, siempre, de vuelta.

 

 

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