Porque estar al día nunca fue tan fácil

vinoUna de las denominaciones de origen que está viviendo una de sus mejores épocas en Galicia es, sin duda, Ribera del Duero. Y esto es, sin duda, fruto de un trabajo de años, no solo de apuesta por la calidad en las elaboraciones sino también por un trabajo de promoción y divulgación que ha sabido conectar con nuevos públicos, y del cual es ejemplo claro la celebración del Sonorama Ribera y el acercamiento que el evento propicia con los consumidores más jóvenes. Pero aun siendo una de las DO más conocidas del país (aunque apenas cumple 40 años de historia) sigue descubriéndonos aspectos nuevos en cada añada, fruto de la incorporación a la viña de gente joven muy formada que ha apostado claramente por el campo y por las variedades propias de la zona, por una personalidad que, lejos de ocultarse, es motivo de orgullo y diferenciación.

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Invitados por el director de Fevino, Fernando Yáñez, pudimos compartir con el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, Enrique Pascual, y el director general, Miguel Sanz, una cena en el restaurante compostelano Terra Nosa, donde la Denominación de Origen se mostró rejuvenecida, con mucha fuerza y enormes expectativas. Sin duda, una de las sorpresas de la velada fue descubrir la variedad blanca Albillo Mayor que, aun siendo tradicional de esa zona, estaba denostada y prácticamente relegada al consumo doméstico, hasta el punto de que muchos viticultores estaban optando por arrancarla y sustituirla por variedades tintas. Y es que, aunque es una de las uvas autorizadas de esta DO –la principal entre las blancas–, no pudo elaborarse por separado hasta 1990. Es decir, hasta esa fecha se trabajaba conjuntamente con las uvas tintas (hasta el punto de esperar en bodega a que se vendimiaran éstas) y servía para enriquecer los tintos, aportando frescura para compensar la tanicidad y rusticidad tan propia de los tintos de esta zona. Pero ahora ya podemos encontrar en el mercado vinos blancos acogidos a la DO Ribera del Duero elaborados con Albillo Mayor (la precursora fue Valduero, y quien sigue marcando la pauta) y el panorama que se presenta es ilusionante. Como quiera que Ribera del Duero es una Denominación de Origen tradicionalmente vinculada a los vinos tintos, se abren inmensas posibilidades para experimentar con la Albillo Mayor puesto que el mercado no presiona con ninguna expectativa concreta ni inmediata. Es tiempo, pues, de probaturas, de elaboraciones diversas, de guardas… Y de disfrutar con el proceso y con sus resultados, que a buen seguro serán sorprendentes y placenteros. “Esta variedad nos va a dar muchas satisfacciones si hacemos las cosas bien y lo criamos bien, sabiendo adecuar la madera al vino, porque aguanta crianzas largas”, señala al respecto Enrique Pascual. Actualmente, en torno a 40 bodegas de las 307 acogidas a la DO Ribera del Duero están trabajando la variedad Albillo Mayor, que ocupa apenas 390 de las 25.000 hectáreas totales adscritas (de las que habría que restar aquellas que se dedican a enriquecer los tintos y claretes). “Es el momento de la creatividad. Es fascinante porque está todo por descubrir”, apostilla el director general.

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La Albillo Mayor da unos vinos aromáticos en los que predominan las frutas de pepita y hueso, manzana y melocotón; son de color muy sutil, entre el amarillo paja pálido y el pálido acerado y presentan una acidez media. Pero esta base siempre estará sujeta a la mano del bodeguero y al carácter que éste le quiera imprimir. En la velada con los directivos del Consejo Regulador acompañamos dos vinos 100% Albillo Mayor –un Neo y un Dominio del Pidio– con un salpicón de marisco y unos berberechos al vapor con los que maridaban a la perfección.

Continuamos con un rosado y un clarete, dos acepciones que hoy son sinónimos en la Ribera del Duero pero que en algunas zonas de España (Galicia, por ejemplo) tienen connotaciones diferentes. Es curioso saber que en mercados internacionales valoran más el término “clarete” –frente a “rosado”– por asociarlo inequívocamente a España, a unas variedades y a una forma de elaborar. Esto hace que el consumidor esté dispuesto a pagar un poco más por un clarete que por un rosado, del que encuentra una mayor variedad en el mercado (de procedencias y de precios). En nuestro caso, degustamos un Lambuena Rosado y un clarete de Viña Pilar, que despertó las alabanzas de los presentes por su mayor complejidad. Los acompañamos de unas zamburiñas de buen porte.

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Y entrando en materia de tintos, donde la Tempranillo (también llamada en la región Tinta del País o Tinto Fino) decidimos prescindir de la carne para deleitarnos con una excelsa lubina a la brasa que no hizo sino elevar la categoría del acompañamiento vínico. Cuatro fueron las referencias en esta fase de la cena, avanzando “desde la austeridad al hedonismo” –hago mía la frase del sumiller Rubén Arranz, que guio la velada–. Comenzamos con un Cillar 2021 y seguimos con un Torralbo 2019 (Vizcarra), para dar paso a dos elaboraciones más personales: un redondo y elegante Preludio de Sei Solo 2019 y un sedoso y potente Quinq 2015, de Bodegas y Viñedos Valdrinal.

Rematamos la velada con unas filloas con nata y unas cañitas de crema que acompañamos de F de Fuentespina, con unas agradables notas especiadas que acompañaron a los dulces sin mayores complejos. Y un brindis a cargo del presidente del Consejo Regulador, Enrique Pascual, “por la salud, por Fevino, por el vino, por Galicia y por los 40 años de Ribera del Duero”. ¡Salud!

 

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