Porque estar al día nunca fue tan fácil

Con la participación de un destacado panel de profesionales del universo de la viticultura gallega, nacional y europea se celebró en Ourense el II Congreso de Viticultura Sostenible. Esta convocatoria, de carácter internacional, resultó un encuentro relevante del cual también participó el director de la Agencia Gallega da Calidad Alimentaria (AGACAL), José Luis Cabarcos, quien en la presentación destacó la nueva ley de calidad alimentaria, que entrará en vigor este mes y en la cual se desarrolla la necesidad de un equilibrio fundamental entre la producción primaria y la sostenibilidad, basándose en el aspecto social, económico y medioambiental.

Pero esta cita que concitó el interés de más de un centenar de participantes apuntó algunos aspectos muy a tener en cuenta si se decide firmemente por una apuesta por la sostenibilidad de la viticultura actual, que va bastante más allá del reciclaje de los envases de las botellas de vino o el ahorro de energía de los vehículos de transporte (lo que conlleva una disminución –escasa- de la huella de carbono). Bajo el epígrafe de Retos de la Viticultura actual: renovarse o morir, los panelistas concluyeron en una frase ya reconocida en el sector: “la viticultura será sostenible o no será”, marcando así un inequívoco camino hacia la sostenibilidad total en los viñedos.

La Viticultura Sostenible en el 2024 fue otro bloque interesante donde se pusieron en valor algunas de las claves a tener en cuenta como la relevancia de realizar inversiones en el aspecto tecnológico (la necesidad de censores que monitoreen los datos de azúcar y acidez de la planta) o la realización de nuevos y más detallados estudios de cara a la imperiosa disminución del consumo de agua en los viñedos (producto del irreversible cambio climático). También aportaron la experiencia propia dos técnicos franceses de la D.O. Champagne quienes explicaron que el tema de la sostenibilidad en esta denominación se está trabajando desde el año 2000 a partir de tres planes claves como son el agua, la biodiversidad y la disminución de la huella de carbono. “La finalidad es conseguir Cero huella de carbono en el año 2050”, reconoció la técnica de producción de la denominación. La progresiva desaparición del vidrio de las botellas y la aparición de envases ecológicos y reciclables es otro cometido en el que están empeñados en Francia.

Otro capítulo destacado de esta convocatoria fue el análisis rápido pero detallado de lo que importa y aporta la genética al servicio de la sostenibilidad. El catedrático de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia, José Miguel Mulet, diseccionó los aciertos y contradicciones de una viticultura que se autocalifica como sostenible. En ese sentido, hizo hincapié en lo que se denomina como la tercera revolución de la agricultura: los transgénicos que en viticultura se ve con malos ojos y no se emplea pero que sin embargo la ley permite su utilización y así lo hace la industria elaboradora de cervezas a través del empleo de levaduras transgénicas. También se refirió a los vinos ecológicos (en España apareció el primero en el año 2012) que prohíben tratamientos fitosanitarios con funguicidas pero que sin embargo la reglamentación permite la utilización del cobre en las viñas. “Si año tras año se emplea el cobre permitido, finalmente lo único que se obtendrá no será un vino ecológico sino también el destrozo total de la superficie cultivada”, expresó el catedrático valenciano.

Las variedades gallegas resistentes al mildiu y oídio, ser o no ser; fue otro reclamo que también acaparó el interés de los asistentes al congreso; al respecto uno de los panelistas reseñó que los principales problemas que hoy acusa la sostenibilidad en la viticultura se refieren al cambio climático; el consecuente aumento de plagas; el mandato de la UE respecto a la obligatoriedad de que los viñedos dispongan de un 25% del cultivo en ecológico y la progresiva disminución hasta un 25% como mínimo de utilización de pesticidas, una regulación que también marca como meta inminente la Unión Europea.

En cuanto a Galicia, Miguel Tubío, director técnico de Bodegas Martín Códax puntualizó que para la obtención de una mayor resistencia a los problemas del cambio climático, la escasez de agua y el aumento de plagas lo conveniente es apostar por variedades de ciclos vegetativos más largos y las que demuestren una mayor adaptación al clima. Al respecto destacó que la albariño es una uva que “lamentablemente” se ha adaptado y se desarrolla en climas húmedos como el gallego, que le son propicios lo que hará especialmente difícil su cultivo en los próximos años. Como contrapartida técnico de la bodega cambadesa apuntó que “la caíño blanco es, en cambio, una variedad de ciclo más largo, que se adapta mejor a las altas temperaturas lo que favorece su vendimia tardía, sin por ello perder calidad de la uva”, explico Tubío.

A su vez, Emilia Díaz Losada, investigadora de la EVEGA y el INGACAL, enfatizó que otra de las claves para entender y cultivar variedades más resistentes al calor y escasez de agua es estudiar y realizar cultivos en suelos más propicios a los cambios de clima que se están produciendo.

 

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