Porque estar al día nunca fue tan fácil

Coinciden las academias de las lenguas española y gallega en definir por “imprescindible” a la persona o cosa de la que no se puede prescindir. Si llevamos esta acepción al ámbito de las empresas turísticas, un servicio complementario será imprescindible cuando resulte indispensable para prestar el servicio principal contratado por los clientes. Bajo esta interpretación, los restaurantes no pueden ofrecer el servicio de comidas a sus clientes si prescinden de los servicios de vajilla, cubiertos o mesa, de la misma forma que los hoteles no pueden ofrecer sus servicios de alojamiento si prescinden de la energía eléctrica o del agua caliente y fría en los servicios higiénicos de las habitaciones.

Este es el razonamiento utilizado por el Decreto 179/2011, de 8 de septiembre, por el que se regula el régimen de precios y reservas de los establecimientos turísticos de alojamiento y restauración en Galicia, para determinar los servicios comunes incluidos en el precio del servicio principal y, en consecuencia, la imposibilidad de cobrar un suplemento específico sobre el precio en la factura final. Así lo dispone el decreto, tanto para las actividades de alojamiento turístico como para las de restauración.

Para las primeras, dice su artículo 5, “el hospedaje comprende el uso y goce pacífico de la unidad de alojamiento y de sus servicios complementarios o comunes a todo el establecimiento, no pudiendo percibirse ningún suplemento de precio por la utilización de estos últimos”. Pero, ¿a qué servicios se refiere el decreto? La norma hace una relación de servicios comunes al alojamiento como la utilización de los servicios higiénicos, el agua caliente y fría, la energía eléctrica, el gas u otras energías disponibles o la recogida de basura, limpieza y lencería. Junto a estos, incluye otros servicios de carácter complementario como la instalación de cunas para niños menores de tres años, el uso de piscinas que no formen parte de un spa, de un centro termal o de talasoterapia, o de las hamacas, toldos, sillas, columpios y mobiliario propio de piscinas, playas y jardines, los parques infantiles, los aparcamientos exteriores de vehículos, cuando no supongan depósito, ni responsabilidad para el empresario, el servicio de consigna de equipajes o la custodia de dinero y objetos de valor en caja fuerte general o cajas fuertes individuales, siempre que, en estos dos últimos casos, se trate de servicios obligatorios para el establecimiento.

Si la oferta del alojamiento incluye la casa completa (turismo rural) o el apartamento o la vivienda turística, el precio del alojamiento incluirá también la utilización de la cocina y de la lavadora, por ejemplo, y si se trata de un camping el uso de las duchas, lavaderos y vertederos. Por su parte, en los establecimientos de restauración (restaurantes, cafeterías y bares), además de los servicios que correspondan de entre los ya citados para el alojamiento, se consideran servicios comunes el uso de la vajilla, cubertería, cristalería, mantelería y mesa.

La lista de servicios es muy amplia y, dada la naturaleza de los servicios prestados por las empresas turísticas, queda abierta a “cualquier otro servicio mínimo imprescindible que se establezca reglamentariamente para la categoría del establecimiento”

No lo olviden, todos los servicios mencionados, comunes o complementarios, están incluidos en el precio del servicio principal, su cobro vulneraría la normativa turística y podría incurrir en la apertura de un expediente sancionador por infracción administrativa grave tipificada en el artículo 110.2 de la Ley 7/2011, de 27 de octubre, del turismo de Galicia, por “percibir precios por servicios que, en virtud de la normativa turística, no fuesen susceptibles de cobro”.

Demos ahora la vuelta a la moneda, la misma lógica utilizada por el Decreto 179/2011 permite a las empresas cobrar por otros servicios complementarios cuando no sean imprescindibles del servicio principal. Así, por ejemplo y para los establecimientos de alojamiento, los servicios de bar o comedor, el uso de spas, centros termales o de talasoterapia, el uso del minibar en la habitación, el acceso a internet desde el hotel, o la ocupación de plazas de aparcamiento en garaje cubierto y protegido, entre muchos otros. Eso sí, en todos estos casos, la empresa deberá dar publicidad a los precios y su contratación será voluntaria para los clientes.

Joaquín San Martín Zamácola

 

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