Porque estar al día nunca fue tan fácil

Hablamos de viajes combinados y hacemos referencia a una figura mercantil que trasciende al ámbito del derecho comunitario, la Directiva (UE) 2015/2302 del Parlamento Europeo y del Consejo, cuya trasposición compete en exclusiva al legislador estatal. Su regulación forma parte de una ley básica de aplicación en todo el territorio del Estado, el libro cuarto del texto refundido de la Ley general para la defensa de los de los consumidores y usuarios y otras leyes complementarias, aprobado por Real decreto legislativo 1/2007 y que ha sido objeto de una profunda reforma el pasado mes de diciembre.

Por otro lado, las leyes de turismo de las comunidades autónomas atribuyen a las agencias de viajes la organización y comercialización de los viajes combinados. Dicho esto, tanto a las agencias, como a los usuarios nos conviene distinguir el viaje combinado de otros servicios, primero, porque su oferta es una facultad exclusiva de las agencias de viaje y, segundo, porque su contratación confiere derechos a los usuarios turísticos y obligaciones a las agencias cuyo incumplimiento podría originar responsabilidades administrativas (infracciones/sanciones) y civiles (indemnización por daños y perjuicios).

Pero, ¿cuándo estamos ante un viaje combinado? o ¿cómo lo podemos identificar? Calificar la combinación de dos o más servicios de viaje como un contrato de viaje combinado no es tarea fácil y, sinceramente, la redacción del legislador tampoco ayuda mucho, ni a las agencias, ni a los usuarios. No obstante, de la ley se deducen una serie de pautas que, a modo de luz, pueden servirnos de guía para su reconocimiento.

En primer lugar, el concepto de viaje combinado pivota sobre cuatro tipos de servicios de viaje: (1) el transporte; (2) el alojamiento; (3) el alquiler de vehículos de motor; (4) y otros servicios turísticos. En segundo lugar, la combinación de dos o más de estos servicios puede originar un contrato de viaje combinado siempre que:

1- Se combinen por una misma empresa antes de celebrar un único contrato con el viajero.

2- Aunque se celebren distintos contratos con diferentes prestadores de servicios, concurra alguna de las siguientes circunstancias: a) se contraten en un único punto de venta y se seleccionen antes del pago; b) se ofrezcan, vendan o facturen a un precio a tanto alzado o global; c) se anuncien o vendan como “viaje combinado” o una denominación similar; d) se combinen después de la celebración de un contrato en el cual el empresario permite elegir al viajero entre una selección de distintos tipos de servicios de viaje; e) se utilicen procesos de reservas en línea interconectados en los que el nombre del viajero, sus datos de pago y su dirección de correo electrónico son transmitidos al resto de prestadores de servicios por el empresario con el que se celebra el primer contrato (transferencia de datos), dentro de las 24 horas desde la confirmación del primer servicio de viaje.

Dispone el legislador que la combinación de dos o más de estos servicios “puede originar un contrato de viaje combinado” porque la propia ley excluye de su ámbito de aplicación estas combinaciones cuando: a) su duración sea inferior a veinticuatro horas (a menos que incluyan el alojamiento); b) se ofrezcan, de manera ocasional y sin ánimo de lucro, únicamente a un grupo limitado de viajeros; c) se contraten sobre la base de un convenio general para la organización de viajes de negocios entre un empresario y otra persona física o jurídica que actúe con fines relacionados con su actividad comercial, negocio, oficio o profesión.

De esta manera, la combinación de servicios de transporte y otros servicios complementarios que no incluyan el alojamiento (alquiler de vehículos, visitas a museos o bodegas, reserva en restaurantes, entradas para asistir a un espectáculo, etc.) no entraría en el ámbito de la ley, siempre que el viaje no supere las 24 horas. Así, por ejemplo, si por medio de una agencia (física – online) compramos los billetes de avión (ida y vuelta) en un día y la entrada para asistir en esa misma fecha a un musical o a la final de una competición deportiva, no estaremos ante un viaje combinado salvo que hayamos contratado también el alojamiento.

Por último, la ley también excluye del concepto de viaje combinado a dos supuestos: a) cuando se combine, por un lado, el transporte, el alojamiento o el alquiler de un vehículo de motor, con cualquier otro servicio turístico distinto que no represente una proporción igual o superior al 25% del valor de la combinación y no se anuncien o no constituyan por algún motivo una característica esencial de la combinación; b) cuando los servicios turísticos distintos al alojamiento, transporte o alquiler de vehículo a motor, hayan sido seleccionados y contratados una vez iniciada la ejecución de cualquiera de estos.

Dado el amplio espectro del concepto de viaje combinado recogido en la ley, su contratación puede hacerse, bien, a través de un único documento (“el contrato por el conjunto del viaje combinado”), bien, a través de diversos documentos (“todos los contratos que regulen los servicios de viaje incluidos en el mismo”).

¿Y las consecuencias?, ¿qué obligaciones impone la ley a las agencias de viaje que organicen o comercialicen viajes combinados? Se hace camino al andar, demos pues un tiempo para digerir el contrato de viaje combinado y en el próximo número podremos hablar de sus efectos. Aquí les espero.

Joaquín San Martín Zamácola

 

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